Esto es la huella de Carabineros de Chile, de como trata a los estudiantes en las protestas y esta es la historia de un amigo mio: 

El día Jueves 11 de Abril asistí junto a un amigo a la marcha convocada a las 11:00 hrs. En Plaza Italia. Llegamos cerca de las 11:15 hrs. A estación Universidad Católica y nos unimos desde ahí a la columna que marchaba por Alameda.


Nuestro cartel decía: “La ignorancia de los pobres es poder para ricos”. Al parecer muchos coincidían con lo que allí decía, en especial a las mujeres que nos aseguraban “eso mismo le digo a mis hijos”. Saber que el sentido común de muchas personas supera en profundidad la verborrea de políticos y profesionales del mundo nos reafirma, con hechos, que la grandeza de las ideas y la creatividad es propio del ser humano y no, de un grupo privilegiado de mentes brillantes.

Al llegar a Estación Mapocho ya el escenario estaba funcionando. Disfrutamos un rato de la música hasta que fue interrumpido por la “triunfal entrada”, sin invitación, de carabineros y toda su maquinaria. La represión fue, una vez más, brutal. Por Cardenal José María Caro vimos como un hombre, de aproximadamente 55 años, se tuvo que lanzar al piso para que un “zorrillo” de carabineros no lo atropellara, para luego quedar bañado por el gas lacrimógeno. Lo cierto es que junto a mi amigo íbamos en retirada ya que pensábamos que la manifestación había terminado. Pero luego de ver como carabineros arrasaba literalmente con quien estuviera a su paso, decidimos quedarnos a continuar la manifestación. Socorrimos al hombre que exclamaba “no puedo ver, mis ojos me duelen”.

Seguimos a las fuerzas especiales de carabineros hasta las esquinas de Recoleta con Ismael Valdés Vergara. El miedo al enfrentamiento desigual ante aquellos hombres y mujeres armados de pies a cabeza ya nos invadía. Pero no. La convicción de ya no querer más injusticia y opresión movieron más voluntad que esa tropa armada. Entre varios logramos detener por unos minutos el avance de aquella tropa entrenada para avanzar ante cualquier obstáculo. No obstante, esto traería consecuencias.

Llegamos hasta José Miguel de la Barra con Monjitas siguiendo el contingente “verde” que a su paso sólo recibía insultos y miradas temerosas, ¿qué se sentirá saber que tanto miedo recae sobre ti? Miedo, no respeto.
Alguien gritó que en Santo Domingo con Mosqueto estaban deteniendo a un menor de edad que cursaba 8vo básico. Fuimos tras el contingente para asegurarnos que el menor se encontrara bien y a seguir manifestándonos. Cuando periodistas, fotógrafos, manifestantes, jóvenes y adultos, hombres y mujeres rodeábamos a fuerzas especiales y su “vehículo-cárcel” un estudiante comienza a correr por Santo Domingo hacia José Miguel de la Barra perseguido por “un efectivo de fuerzas especiales”.
Como no pudo dar alcance un carabinero en motocicleta sale tras el estudiante. Para detenerlo, y supongo que ese fue el “razonamiento” que utilizó el carabinero, se lanza con su vehículo a los pies del joven. Se lanza con un vehículo en velocidad a un joven, esa es la “estrategia utilizada”.

Dimos la alerta algunos que divisamos lo ocurrido y corrimos a ver el estado del joven, a constatar si algo le pudo haber pasado. Al estudiante lo trae fuerzas especiales y cuando quisimos abordarlo para hablar con él, el mismo carabinero en motocicleta utiliza su “razonada estrategia” con nosotros.
Yo cuido mis piernas para que no me atropelle. Y es aquí cuando soy abordado por la espalda por 1 o 2 carabineros de fuerzas especiales que pretenden tomarme detenido.
¿Si no he cometido ninguna falta ni menos un delito, porqué debo dejarme detener? Pues me intento librar de la fuerza bruta innecesaria utilizada por los “efectivos” de carabineros. Fue peor aún.

Sólo recuerdo que mis lentes me los botaron al suelo para pisarlos y romperlos pero pude recogerlos con mi mano izquierda. Me defendí como pude de los golpes de puño y patadas que me propinaban sin problema alguno; a la hora de golpear y reprimir son tan efectivos porque, como una jauría, no demoran en doblegar el cuerpo de una sola persona. Me faltan los golpes con luma extensión del falo que sirve, como siempre, para demostrar su masculinidad.

En medio del forcejeo desigual alguien me pide mi nombre. Le grito “Juan Corrales, ayúdame” y veo claramente (creo que el dolor ayuda muy bien a grabar las imágenes) como una mano de un “efectivo” de fuerzas especiales de carabineros presiona mis testículos. El dolor me hizo gritar fuerte “ayúdenme”, mientras por detrás otro “efectivo” de fuerzas especiales de carabineros tira de mi gorro-capucha del poleron para asfixiarme con él y no poder gritar.
Vuelvo a gritar “me están apretando mis testículos” y escucho en mi oído izquierdo que grita un carabinero de fuerzas especiales “adonde que te estamos apretando” y esta vez me presiona más fuerte. El dolor y la falta de aire por la asfixia me debilitó y me desvanecí por unos instantes; pero antes pude ver cómo una brazo de un “efectivo” de fuerzas especiales de carabineros toma mi “bolso tipo banano” y me lo arrebata de la cintura. Allí se encontraba mi celular, mis documentos y $7.000 pesos que mi abuela con su mísera pensión me pasó para cargar mi pase escolar. Hasta hoy aún no sé qué pasó con mis cosas.
Cuando pude ver mejor me arrastraban al retén sin zapatillas y con el torso desnudo. Me suben como un bulto, y mi amigo que intenta subirme es empujado por un “efectivo” de fuerzas especiales de carabineros.
Todo esto sucedió alrededor de las 14:30 hrs. Cuando constaté lesiones, en la Comisaría de Los Quillayes, no recordaba la hora ni el nombre de las calles; ni siquiera pude reconocer un rostro de carabineros. En eso son “efectivos”.

Nos llevan a la 3era Comisaría de Santiago y pude avisar a mis padres gracias a una compañera que en el retén me prestó para “pinchar”. Íbamos apretados con un infiltrado entre nosotros que momentos después, al descender en la comisaría, nos percataríamos que había detenido a uno de los compañeros en el retén.
En todo momento me piden mis documentos. En todo momento contestó que carabineros me lo arrebató sin respuesta alguna.
La constatación de lesiones fue una burla. Posteriormente cuando me liberaron acudí a una “casi real” constatación de lesiones; pero “algo es algo”.
Del tiempo que estuvimos allí detenidos estuvimos una hora y media de pie al sol, en una fila para lo que decían “el biométrico”. En total casi 3 horas de pie.
Cuando a pleno sol comencé a marearme por los golpes en la cabeza, tomo mi polera mojada por “el guanaco” y la coloco cobre mi cabeza. Qué alivio. Sin embargo una carabinero de fuerzas especiales me dice “sácate eso de la cabeza” y me lo grita 3 veces. Le respondo “¿Quiere que me desmaye del calor y el dolor de cabeza por los golpes que me dieron cuando me detuvieron?” Me responde “sácate eso de la cabeza”. Creo que no me escuchó, aunque igual lo seguí usando.

Nunca nos dijeron porqué nos detuvieron ni nos leyeron los derechos en ningún momento, al menos a nosotros los del mismo retén. Sólo supimos cuando uno de nosotros preguntó la razón de la detención. Preguntando por este hecho me dijeron que era habitual en carabineros hacer esto.

Habían “efectivos” que intentaron simpatizar con algunos compañeros y sí que lo hicieron. “Ya hagamos esto rápido, ya peleamos y listo, ya pasó”. ¿Peleamos? Fue paliza de “grupos organizados” contra personas aisladas, eso fue.
Otros, por sus miradas y tratos, aún tenían “asuntos pendientes” con algunos de nosotros.

Pero no tenía miedo. Aún no tenía miedo. Y escuchaba en mi mente la música de Victor Jara; debe ser porque desde que estaba en el vientre de mi madre lo escucho y lo disfruto. Me remonté a ese sentimiento y no me desesperé.

Si yo no tengo miedo, ¿de donde viene el miedo?…

Juan Corrales Barraza
Estudiante de Trabajo Social
Universidad Academia de Humanismo Cristiano